Cuando la Violencia golpea a niños y mujeres
Opiniones de la Lic. Any Krieger en La Prensa
Los profesionales hablan de traumas del pasado colectivos que influyen como el terrorismo de Estado y un presente de desestructuración familiar, cultura filicida, inequidad, hostilidad general, justicia sin equilibrio, poca contención e impunidad.
Por Sergio Limiroski
La saña con que se han cometido recientes crímenes, donde en la mayoría de los casos las víctimas fueron mujeres y niños, muestra un costado terrible de la sociedad, donde la violencia se hace presente en una dimensión difícil de explicar.
El presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) Andrés Rascovsky indica que no se puede hablar de un factor determinante que nos lleva a esta situación, sino que son muchos los aspectos que forman lo que denomina un “manantial de odio y destrucción en un sujeto”.
De todas formas, el profesional expresa o, más bien se pregunta, si este fenómeno no responde también a la construcción que hacen los medios de comunicación sobre los mismos.
Si bien reconoce la existencia de la problemática, señala que “tenemos una tasa de suicidios que es el doble
que la de homicidios. Lo que pasa es que de este tema no se habla”.
Rascovsky indica que la sociedad argentina está presa desde hace muchos años de “traumas colectivos. No es ajena a esta continuidad violenta el hecho de los 30.000 desaparecidos, las fotos que nos muestran en este último tiempo como aparecían los cadáveres masacrados, vejados en la costa uruguaya”.
A esto se suma la “inequidad social, la problemática económica que genera envidias, resentimiento. Todo esto desencadena en una violencia creciente, en la destructividad, seguimos presos de una historia traumática colectiva”.
“Esta situación también la ve un niño de diez años que observa por televisión la repetición de crímenes miles de veces, de aberraciones, en vez de poder ver una televisión que lo eduque”, expresa el psicoanalista.
PRIMERAS VICTIMAS
Los niños son, cuenta Rascovsky, dentro de este “manantial de odio” las primeras víctimas. “Tenemos una cultura filicida. El hombre que llega a estas instancias, donde mata a su hijo, a su esposa, entra en una situación que es casi irrecuperable, en la que prevalece una pobreza psíquica de valores”.
El profesional expresa que se viven tiempos de “desestructuración familiar. No hay educación psicológica, falta presencia paterna”.
Para el presidente de APA la manera de encarar el problema pasa por “educación, prevención, uso adecuado de los medios, líderes que den ejemplos y no sean corruptos, un Estado que colabore en el bienestar social, que busque la solución de conflictos y que no se haga un culto a la delincuencia”.
La psicoanalista Anny Krieger, en tanto, expresa que los casos de extrema violencia que se dan día a día no son algo nuevo.
“Lo nuevo es que están empezando a dejar de ser parte solamente de hechos policiales. Antes la gente daba vuelta la página del diario y listo, ahora se detiene. Se puso una luz sobre la situación”.
Krieger indica que el riesgo que aparece al difundirse este tema es generar, por otro lado, que se disparen más casos.
“De todas formas creo que es necesario difundirlos, porque hace que los jueces estén más atentos a estas situaciones, que se generen modificaciones desde el Estado para encarar la problemática. Siempre es importante que se hable de lo que pasa, más cuando no se trata de un tema más”.
SIN PALABRA
Krieger, además, alerta sobre esta violencia contemporánea que se produce porque ha “fallado la palabra como valor simbólico, y entonces va al cuerpo directamente, no hay acuerdo, diálogo y se desencadena una violencia que parece mostrarnos que en vez de avanzar estamos en retroceso, más cerca de la edad media que del siglo XXI”.
La psicoanalista señala que hoy son tiempos donde el discurso del mercado y las religiones han dejado sus lugares al de la ciencia. “Sin embargo la ciencia no ha podido dar una respuesta al asesinato de un padre a un hijo, de un hombre a su novia”.
Krieger comenta que es necesario recuperar la palabra. “Creo que aún al Estado le falta un tiempo para comprender que está pasando. Esperemos tenga una respuesta pronta este problema, con nuevas leyes que se impongan a vacíos legales”.
Por su parte, el psicoanalista Harry Campos Cervera sostiene que estas conductas violentas se repiten “cuando hay una tensión social. Hay muchas diferencias económicas, tensiones de las personas que llevan a que se acentúen estos crímenes”.
“Hay una suerte de caldo de cultivo, con poco control y responsabilidad de los actos. La justicia se muestra sin una misión reparadora. No aparece un garantismo que se implemente adecuadamente. Se pasó de un extremo represivo a permitir la impunidad”, opina.
HOSTILIDAD GENERAL
En cuanto a la forma en que se cometieron estos terribles hechos criminales, utilizando armas blancas, Campos Cervera señala que “son elementos que tienen que ver más con una impulsividad del acto. En muchos casos son cometidos por personas con alteraciones mentales serias”.
En ese sentido, el profesional destaca que la nueva ley de salud mental hace muy difícil concretar la internación de una persona. “Se piden muchos exámenes, consultas, y esto deriva en poca contención varias veces”.
“Vivimos un clima de cierta hostilidad general, donde se da un contagio social importante. Tenemos épocas como pasó hace poco donde chicas tajeaban los rostros de las más lindas, ahora estos terribles homicidios”, concluye.