Femicidio: más de 280 chicos se quedaron sin su mamá en 2011
Opinión de la Lic. A. Guraieb en La Unión
Con el padre en la cárcel, la mayoría de los chicos termina viviendo con otros familiares y sufre graves trastornos psicológicos. La ayuda y la contención son clave para que ellos no repitan la misma triste historia.
Cuando se conocen los casos de femicidios, muy pocos reparan en las víctimas colaterales de este horroroso delito: se trata de los niños y niñas que quedan al borde del desamparo, sin sus padres, y con una pesada carga de problemas psicológicos originados por la violencia que les tocó vivir.
Entre enero y octubre de 2011 se registraron 283 víctimas colaterales en el país. En tanto, el nivel de femicidios se mantiene en niveles preocupantes, al punto que varias ONGs reclaman su incorporación como figura autónoma al Código Penal.
Los especialistas coinciden en señalar que estos niños sufren estrés postraumático, problemas cognitivos, y dificultades para relacionarse socialmente. Asimismo, advierten sobre el peligro de que puedan repetir el modelo familiar sufrido.
Silvia Lommi, coordinadora del equipo de psicólogas de la ONG Casa del Encuentro, sostuvo que “los hijos e hijas de las mujeres víctimas de femicidios son también víctimas porque quedan desprotegidos”.
En esta línea, precisó que estos niños y jóvenes “se quedan sin su madre y con su padre detenido o, en ocasiones, se suicidan”. Este año, entre enero y octubre, las víctimas colaterales de femicidios – tal el nombre que se les da a estos chicos que quedan al borde de una situación de desamparo– a 283 chicos y chicas, según datos del Observatorio de Femicidios en Argentina, perteneciente a la Sociedad Civil “Marisel Zambrano”.
Esa cifra es superior a la cantidad mujeres muertas en femicidios, 237, registradas hasta noviembre último. Cabe recordar que en 2009 se registraron en el país 231 femicidios, mientras que en 2010 la cifra ascendió a 260.
LOS MÁS PERJUDICADOS
“Los chicos, luego de perder a su madre, deben mudarse y cambiar de grupo familiar, con todo lo traumático que es esa experiencia.
Hasta se han dado casos en que fueron derivados a familiares del padre porque nadie se podía hacer cargo de ellos”, detalló la especialista de la Casa del Encuentro, en diálogo con La Unión. Además, dijo que se “dan situaciones de vínculos difusos con medios hermanos que aparecen a partir de la nueva situación generada por el femicidio”.
La psicóloga explicó que las víctimas colaterales de la violencia de género sufren “deterioros psicofísicos, problemas cognitivos y de relaciones sociales, alteraciones del sueño, y estrés postraumático, especialmente por haber vivido no sólo el crimen de una madre, sino las situaciones previas de violencia”. En cuanto a los paliativos para esta situación, Silvia Lommi insistió en la necesidad de incluir en el Código Penal la figura del femicidio.
“Esto favorecería el avance del Estado en este tema”, agregó. Actualmente, los chicos que quedan solos tras un hecho de femicidio son enviados por la Justicia a vivir con otro miembro del grupo familiar o, en un número reducido de casos, son institucionalizados.
PERSONAS AUTODESTRUCTIVAS
Por su parte, la psicoanalista Adriana Guraieb, alertó que las víctimas colaterales “pueden tornarse personas adictivas, autodestructivas, o convertirse en personas antisociales, todo por el resentimiento que albergan”.
En contacto con La Unión, la especialista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) agregó que en la adultez es probable que estos chicos tengan problemas para relacionarse afectivamente “porque no tienen una imagen interna de pareja que se quiere, que se trata bien, que se ocupa del otro o le prodiga caricias. Más bien, todo lo contrario”.
Aunque advirtió que “no hay que estigmatizar ya que estas son tendencias. Quizás con consultas psicológicas y la ayuda de grupos de contención, estas personas puedan salir adelante”. Con respecto a las situaciones de violencia intrafamiliar previas al femicidio, Guraieb señaló que las víctimas colaterales “las viven de manera horrorosa”.
Y agregó: ”Muchas veces para vencer el miedo se les arma un mecanismo de defensa contra la angustia, que se llama ‘identificación con el agresor temido’, y pueden pasar de víctimas a victimarios como consecuencia de niveles impensables de maltrato psíquico”. La violencia familiar aparece como un alerta clave para la situación más gra- ve y que no tienen vuelta atrás: el femicidio .
En ese sentido, resulta clave comprender el nivel de naturalización de agresiones físicas y verbales que se dan en distintos grupos. La psicoanalista subrayó que “es muy posible que los chicos de estos grupos familiares naturalicen la violencia y aprendan que amar es pegar, faltar el respeto, tener siempre la razón y, llegado el caso, matar”. En el mismo sentido, añadió que “la casa es el laboratorio donde se aprende a vivir, especialmente en los primeros años”.
LA TERAPIA, INFALTABLE
Para Guraieb estas víctimas colaterales tendrán que recibir ayuda psicológica para no repetir, en la adultez, algunas de las experiencias vividas durante la infancia. Así, recordó –como un alerta– las palabras de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis: “Aquello que padeciste pasivamente de niño, lo harás activamente de adulto”.
Y dijo que en estas personas “suele haber un plus de violencia que puja por salir”. Con respecto a lo que ocurre con las víctimas luego de del femicidio, consideró que “es un grave daño para la infancia que estos niños permanezcan en los mismos ambientes familiares”, y destacó el trabajo de algunas áreas del Estado y de ONGs que ofrecen hogares de tránsito o la alternativa de familias adoptantes.Exponer la problemática parece ser la primera manera de comenzar a ayudarlos a caminar en el largo camino que les queda por recorrer.