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Diálogo N° 24



Complejidades del diálogo entre analistas

La tarea realizada con el material clínico aportado por los casos S.O.S. y Filippo mostró que cuando los analistas están muy cercanos en sus posiciones teóricas surgen las convergencias y muy poco de las divergencias, como ocurrió en el primer Encuentro y a la inversa ante las diferencias en las conceptualizaciones, las divergencias se hacen claras hasta casi parecer que no hay puntos de convergencia. Como se da en el segundo Encuentro donde la diversidad de las posiciones teóricas cierra más que promover el diálogo. Veamos más en detalle la cuestión.


a) El caso S.O.S.:

Hubo acuerdo en definir el dispositivo analítico como aquel montado sobre la asociación libre y la atención flotante, desde una escucha orientada hacia el inconsciente del paciente. Estando, el mismo, ligado a la eficacia y a la ética analítica y donde el sujeto termina respetando su sufrimiento.


El sufrimiento, que es un hecho, está conectado con la verdad del sujeto y encubre un decir. Este camino, el del sufrimiento, está lejos de adquirir el valor de verdad y debe ser dicho para advenir síntoma psicoanalítico y por el mismo y por el analista se construye en análisis. De esta manera el síntoma psicoanalítico se aproxima a algo de la verdad y es desde allí donde puede operar el psicoanálisis. Generando un saber acerca de la verdad.


El no ceder de la analista da lugar a que el paciente se pregunte, se cuestione. Percibe que se hace daño a sí mismo. Es un planteo enigmático y constituye su entrada al análisis.


La analista se ubicó en una posición de escuchar lo que para ella eran las emergencias del inconsciente. Tomó distancia de una posición que buscara comprender y completar el discurso conciente yoico del paciente, prestando atención a las inconsistencias de ese discurso, mostrando coherencia entre teoría y práctica.


Finalmente se consideró que el análisis comenzó y terminó. Terminó como puede terminar un análisis y en verdad hubo trabajo analítico


Estos planteos fueron dados de modo asertivo y si bien muchos colegas coincidirían con más de un aspecto de estas proposiciones, hubo una serie de objeciones que contradicen el carácter unitario que se intentó dar a las mismas. Estas últimas posiciones quedaron algo periféricas al núcleo conceptual que se desarrolló, es decir sin mayor diálogo.


Diversas fueron las objeciones planteadas. Sobre el dispositivo, escuchando de otro modo el motivo de consulta, se planteó la conveniencia de derivar a esta familia en duelo, para que haga algunas entrevistas familiares. Se observó que no se ven intervenciones sobre la transferencia, a pesar de que la analista ocupa el lugar de “la otra”, afirmándose que se podría haber trabajado sobre esta escena. De modo más explícito´, se señaló que a partir de la teoría del apego se podría haber utilizado un paradigma relacional y no uno intrapsíquico.


Desde una perspectiva terapéutica se objetó el conjunto de las entrevistas considerándolas nocivas, ya que el paciente quedó absuelto de una culpa edípica en complicidad con la analista, que lo reinstaló en su neurosis. Otras opiniones sostuvieron que si hubo algún “éxito”, fue por sugestión, porque el paciente concurrió y algo se le reordenó: como consecuencia, se arregló la situación familiar y se fue.


b) Veamos el caso Filippo:

Para ello trataremos de reconstruir el tipo de diálogo que se dio:


Por un lado se sostuvo que lo oral como etapa más indiscriminada domina la lectura del cuadro, destacando el fondo esquizoparanoide o melancólico, sin advertir que se dispone de una subjetividad que podría hacerse cargo de esos niveles y abordar temáticas neuróticas menos regresivas. Surge la pregunta de si: ¿Será que en la observación permanente de un plano más regresivo, no se describe ni considera este otro plano? El analista eludiría ocuparse de aspectos como la castración, la sexualidad entre otras cuestiones, debido a su teoría y a los propios conflictos inconscientes que lo hace contra actuar y establecer alguna clase de vínculo complementario, eligiendo sumergirse en una mezcla de despliegues imaginarios, ya que considera que es así como se logra hacer pensable algo por el analizante y por él mismo


Se agrega que hay una idea de que si uno se pone de un modo acompañante se va a crear una situación mediante la cual el paciente se va a ir curando. Como si la cura fuese un hecho de emergencia interna dentro de este tipo de intercambios. Esto da lugar al riesgo de hacer pasar todo por la subjetividad del analista


A esto se responde que se trata de la construcción de tejido psíquico que permita contener la emocionalidad y dar lugar a pensar lo no pensado, estableciendo una correlación entre la emocionalidad y el pensamiento. Eso se construye entre el paciente y el analista, lo cual no quiere decir que se trate de una situación simétrica. En todo caso es una complementariedad voluntaria y fruto de un modo de trabajo y no una contra actuación. De ese modo empieza a entrar en circulación la ira, los celos, pero no se apura a traerlos al paciente. Eso permite que se vayan desplegando en la sesión.


Por otra parte se afirma que criticar las propias intervenciones no es lo mismo que retractarse, siendo un ejercicio saludable. Esto no aplaca sino intenta que esa membrana de contacto, esa trama que tiene que ver con la emocionalidad y el pensamiento no se corte, tomando en cuenta como el paciente escucha a la intervención previa. No se trata de una abstinencia, un no intervenir en el acompañamiento, se trata de encontrar el camino intermedio entre un enfoque interpretativo directo que detendría el proceso y una mitigación excesiva que lo extinguiría para siempre el objetivo es que las experiencias emocionales aparezcan.


Afirmándose que el enfocar al paciente como un neurótico se pueden escapar dimensiones importantes que pueden recién reaparecer en un reanálisis.


En respuesta a lo anterior se interviene no desde un posición personal, sino afirmándose en una corriente de pensamiento, en este caso la lacaneana. Se afirma que en dicha orientación hay una preocupación permanente para que el analista se destituya de ubicarse en un plano imaginario de la transferencia, de ahí que son excepcionales o no existen las intervenciones directas en transferencia. Desde esta perspectiva se expresa que en este material clínico se quiere transformar el análisis en construcción narrativa compartida, como si estuviesen haciéndose un ejercicio de creación de historias.


A esto se responde que el analista toma esto como un mito. Pone el acento en una serie de situaciones y produce efectos, la emergencia de emociones y recuerdos. Se trata de la reproducción de la estructura psíquica y emocional que se pone en juego fuera del sujeto.


Podemos observar que el diálogo establecido permitió ver claramente dos posiciones distintas ante el material, pero marcándose ante todo las divergencias, no pudiendo establecerse algún punto de convergencia ni de posibles puntos de enriquecimiento mutuo.


Incluso se señalaron algunos aspectos a modo de advertencia que no dejan de ser interesantes. Es así que se resaltó lo poco conveniente que es que la lectura esté puesta en acentuar el porqué no dijo. Otro aspecto señalado es el no tomar en cuenta el esquema referencial del analista, porque no hay modo de tener un acceso a una situación clínica en que este no cuente, en particular en este caso, en que el estilo de este analista es coherente con la teoría que lo respalda, una teoría eminentemente vincular donde se presta mucha atención a la recepción de las interpretaciones por el paciente.




Pasemos ahora a considerar algunas particularidades de cada caso:

Caso S.O.S.:


a) La cuestión del acto analítico y la escucha.

Por un lado se señaló que la analista enfatiza que su intervención no provenía de su escucha. Por otro lado se precisó que como producto de la escucha en un campo transferencial analítico, esta intervención es una decisión de la analista que surge dentro del mismo y no como decisión voluntaria conciente y si bien se afirmó que es el resultado lo que le da valor de acto analítico, siendo este lo que emergió, la escucha implica una decisión. La analista decide que no es la muerte y si la necesidad de mentir y eso es el resultado de la escucha. Por otra parte se remarcó que el acto analítico en tanto fue una opción en una dirección de la cura incluyo la cuestión de la mentira dejando de lado la de la muerte.


b) Lo que surgió – la mentira

En el acto analítico se relaciona la mentira como repetición de acontecimientos de la historia del paciente, e incluso se enumera en forma de pregunta a sus padres y abuelos. La respuesta habla de la identificación con un padre que siempre engañó a la madre


A partir de allí se discutió si al empezar a trabajar la terapeuta con la mentira no realiza un pasaje rápido a esta explicación. Sugiriéndose, desde esta perspectiva, que se corría el peligro de que el paciente siga sosteniendo la cuestión de una mentira y la terapeuta en parte la sostendría, aceptando el mentir.


Desde otro ángulo se dijo que más que una explicación lo que se encontró o se busco fue una repetición, que estaba insistiendo en la situación actual. En cuanto a que se haya generado una otra mentira, esto solo podría clarificarse llevando adelante el trabajo, lo que si se constituyó fue un saber acerca de la verdad, que siempre es exterior a la misma. De todos modos ya instalada la transferencia el analizante muestra la necesidad de ponerse en evidencia como mentiroso, pero no lo hace mediante una repetición, si no que lo realiza mediante una confesión. O sea dice algo de la verdad, mantiene relaciones sexuales con diferentes mujeres.


c) Lo que quedó afuera – la muerte

Se afirmó que hay algo de la muerte que ha quedado afuera y seguramente, si se hubiera reintroducido, el desenlace podría haber sido distinto. Se trata de la muerte no en el sentido de lo urgente de la mujer que muere, sino del impacto de la misma en todos los intervinientes. También en la posición del analista, del analizante y en la dirección de la cura.


Siendo de hacer notar que la implicancia del analista es aquí desde su persona y no desde su falta en ser. En este caso el sexo de la analista tiene una eficacia. El paciente está por perder una mujer y consulta con una mujer; se acerca la fiesta de quince de la hija; el sexo y la muerte no tienen inscripción, pero la sexualidad y la muerte simbólica están en juego.


d) Algunas consideraciones sobre la psicopatología

Ante la pregunta de ¿qué lleva a la consulta? Algunos colegas lo refieren al masoquismo del paciente, a que la pareja se controla mutuamente, siendo la mujer un objeto transicional para el paciente. Estando frente a una nueva pérdida se renuevan otras y la neurosis infantil no elaborada reaparece.


Se consideró que hay una transmisión generacional de un estilo de apego, donde padre e hijo con mentiras, se sitúan en posiciones subjetivas similares en sus familias. Hay una repetición que hace ver de un estilo de apego, donde el paciente es el cuidador y por partida doble, porque se presta como foco conflictivo por lo antedicho y porque no puede confiar que alguien lo puede cuidar y esto debe remitir a experiencias familiares primarias.


En cuanto a porqué se fue se hicieron dos aportes. Uno dice que la analista le hizo despertar el sentimiento de culpa y favoreció su alejamiento del tratamiento y el otro que ante el abandono de su objeto transicional, se adjudica la maldad del objeto, y para salvarlo, a la vez que por culpa, abandona.


Veamos ahora algunos aportes sobre:

El caso Filippo

El paciente se debate entre una posición femenina y la masculina, a la vez que quiere entender el idioma de la masculinidad. Es así que busca masculinos que lo orienten en su posicionamiento sexual, emblemas fálicos que lo provean, los que también son buscados en la transferencia con su analista. Ante esta situación y dominado por una identificación enajenante con una madre explosiva, necesita dominar su agresividad. Esto nos hablaría que la importancia del tratamiento no esté en apaciguar a la misma, sino en reconducirla hacia una pulsión de dominio, ligada a provocar el efecto de castración.


Pensamos que estos Encuentros evidenciaron las dificultades, que debemos trabajar, para lograr una escucha más fructífera en nuestros diálogos. En los próximos martes centrales la tarea girará sobre el eje temático de la escucha del psicoanalista y con ellos concluiremos nuestra labor sobre estos dos materiales.

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