Dialogo Nº33
DIALOGO DE LA SECRETARIA CIENTIFICA CON LA POBLACION DE APA N°33
En los Encuentros Institucionales realizados el 4 y el 11 de octubre se dialogó en base a un material clínico de un niño adoptado por una pareja homosexual, tomando como eje de intercambio la temática de la abstinencia y de la neutralidad.
Se planteó que el caso de Georgie es uno de aquellos en que la neutralidad del analista se pone a prueba mucho más que en cualquier otro.
Por su historia de orfandad y hospitalismo, por el hecho de que sus padres adoptivos son dos hombres homosexuales, son todos elementos que pueden propender a llevarnos a explicaciones mono causales o a clichés interpretativos o a interpretaciones basadas en prejuicios no del todo concientes.
Surgieron variadas preguntas acerca de cómo se constituirán las identificaciones de este niño, cómo se constituirá su complejo de Edipo, el espacio mental donde estén incluidos esos padres para su identificación, cómo se constituirá su psiquismo.
Otro tema que se abordó fue el de la transferencia. Se consideró que se trata de una modalidad masiva, dando la impresión que Georgie, sobre todo en el comienzo, está empecinado en una búsqueda de una madre, pero no alcanza con una madre transferencial. Parece que busca una madre real.
Otro tema que movió mucho diálogo giró alrededor de la neutralidad y la complicación de la inclusión de los padres en el tratamiento. En este caso una pareja de dos hombres homosexuales.
¿Cómo se maneja la neutralidad en estos casos? ¿La analista habría quedado cautivada por el desamparo del niño, que no es un bebé? Se consideró la importancia del trabajo con el grupo familiar sobre todo frente a un niño deprivado afectivamente durante los primeros ocho meses de vida. Se consideró que en el material había más elementos acerca del trauma de la separación que del encuentro afectivo con el padre adoptivo. De todos modos a partir de la retracción narcisista, del marasmo existente se destacó la importancia del vínculo que lo rescata y que posibilita que recupere sus aspectos vitales.
Acerca de los padres surgieron interrogantes como los siguientes: ¿Qué es lo que lleva a estos padres a adoptar un niño al borde del marasmo? ¿Fantasía de rescate, salvar a un niño de la maldad de una madre que abandonó?
Acerca de la analista surgió la pregunta de si el título mismo del trabajo no nos dice algo acerca de su neutralidad, “Sólo para chicos, no se permiten madres”. ¿Desde qué lugar de neutralidad y abstinencia está escuchando esta analista si le puso este título al historial de Georgie? ¿Habría fantasías inconcientes de adopción de la terapeuta, interfiriendo en el vínculo con el padre y en la neutralidad?
Desde otras perspectiva se señalaron se señalaron dos posiciones en el psicoanálisis de niños, 1) que enfatizó que sólo en transferencia y en un abordaje individual debe transcurrir un análisis infantil. 2) otra que permita la inclusión de otros abordajes vinculares: familiar, binomio padre hijo, madre hijo y entrevistas con los padres. De todos modos pareció ser una discusión que se dio más por la polarización movida por el caso presentado que por la clínica actual
Se plantearon controversias sobre la importancia dada al cuerpo y al sexo real de la pareja de los padres como también al sexo de la analista, en relación a las funciones parentales y cómo todo esto pudo jugar en la neutralidad de la analista.
Se planteó si hay o no acuerdo con que el niño tenga un juego corporal con la analista y si esto es un quiebre de la neutralidad. ¿Qué es poner el cuerpo en el análisis de niños y hasta dónde? ¿Cuál es el límite?
En la segunda reunión de trabajo general sobre el material y las preguntas que surgieron en los grupos, hay constantes referencias al complejo tema de la neutralidad y la abstinencia y si es necesario reformularlo en el análisis de niños y adolescentes. Dentro de esta cuestión resultó un tema interesante la cuestión de la información directa al niño.
¿Qué significan los cambios de voz, de tonalidad, las preguntas, intersecciones, reflexiones, la mirada curiosa del analista o interesada, desconcertada, interrogativa, de gesto? Son todas cuestiones que se dan en la sesión con un niño.
Las preguntas que surgieron de los grupos son las siguientes:
1) Desde el lugar del analista ¿cómo no quedar capturado por lo imaginario?
2) ¿Qué familia se intenta incluir en este tratamiento? ¿La mítica o la real? ¿De qué vínculo se habla?
3) ¿Qué es poner el cuerpo en el análisis con niños y hasta dónde? ¿Cuál es el límite? ¿Cómo juega la neutralidad del analista?
4) Controversias que se generaron en el grupo en cuanto a la importancia dada al sexo real de la pareja de los padres del niño, como también al sexo del analista y en relación a las funciones parentales ¿cómo juega todo esto en la neutralidad del analista?
5) Neutralidad y abstinencia: ¿hacen al dispositivo analítico? ¿Habría que reformularlas en el análisis de niños y/adolescentes? ¿Por qué se insiste en el trauma del abandono y no se hace hincapié en el encuentro afectivo entre el niño y el padre adoptivo?
6) En este caso ¿se escuchó el inconsciente del paciente? ¿Hubo “timing”?
En este análisis hubo lugar para que el paciente exprese sus fantasías como vemos cuando Georgie insiste con “PAPÁ-PA” ante la muerte de una mamá cercana a la familia. O puede a decir “mi mamá se murió antes de que yo naciera”.
Se afirmó que el infantil sujeto, como lo llama Freud al niño, lo insta al terapeuta a posicionarse en un lugar de relaciones conocidas. Pero el encuadre psicoanalítico inaugura un espacio nuevo y angustiante por lo desconocido. La sesión psicoanalítica constituye una imagen audiovisual que es registro único del analista y contiene las vivencias del niño quien relatará de ese modo su verdadera historia destinada a nuestra escucha, diversa del mito familiar.
Retornó la pregunta por la neutralidad en el análisis de niños y adolescentes, también como un tema en primer lugar ligado a la teoría, ya que no es igual en todos los casos y dependerá del psiquismo del niño.
La práctica con niños y adolescentes nos plantea una posición del analista flexible, el abordaje y las modalidades técnicas difieren de la práctica y clínica con adultos pero mantienen una esencia y una ética idéntica.
Reencontramos los fundamentos teóricos con los que operamos inconciente, sexualidad infantil, transferencia, contratransferencia, repetición, conflicto, elaboración, historicidad, temporalidad. En el encuentro paciente-analista presencia y escucha están en la búsqueda de la verdad subjetiva para reencontrar en la transferencia una identidad arcaica, la presión del pasado insiste en el encuentro presente, el analista, sujeto y testigo de la transferencia.
Se consideró como una situación particularmente compleja la suscitada alrededor de que el niño señala que él tiene una familia de varones, y la analista entiende que ella no solo tiene que rescatarlo sino cumplir una función madre, ya que ella es mujer, habiendo allí un problema que se juega en lo imaginario pero que tiene fuertes consecuencias en lo simbólico.
Con cierto grado de conclusión que abre aperturas a nuevos diálogos se preguntó acerca de cómo se juega acá la neutralidad y la abstinencia.
Afirmándose que la neutralidad depende del criterio que cada uno tome, refiriéndose a las formas más explícitas, pero estos casos ponen en juego nuestra posición como analistas pues fácilmente nos llevan a nuestras ideas predeterminada de padre y madre, pareja, género poniendo en movimiento nuestras ideologías, prejuicios y teorías que cada analista posee con posible efecto obstaculizante para nuestra escucha.
SECRETARIA CIENTIFICA